viernes, 5 de agosto de 2011

~7~


Los siguientes días... Fantásticos, para qué vamos a andar con cursilerías ni mierdas por el estilo.

Nuestros padres ya se intuían algo de nuestras misteriosas desapariciones de después de comer, a veces de cenar, pero mi hermana, que Salazar la bendiga, se inventaba mil y una escusas para librarnos , sobre todo a mí, de un gran castigo.

- Te echaré de menos papá - le di un fuerte abrazo - Quiero verte en casa cuando vuelva. Que lo sepas. No te metas en líos.
- ¿No se supone que eso lo tendría que decir yo? - reímos - Estudia para los TIMOS. Te decidirán el futuro.
- Que sí, que sí - le di un beso en la mejilla antes de entrar al tren.
- Cuida de ella Draco - ambos se estrecharon la mano.
- Lo haré señor.

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-¿Qué tal por América? - la pregunté a Daphne mientras cenábamos.
- Pues bien. Muy bien. Hace mucho más calor que aquí en verano - sonrió - ¿Y tú en casa de los Malfoy? - volvió a sonreír, esta vez maliciosamente.
- Pues bien... Muy bien - imité su voz a la vez que Draco y yo nos echábamos una mirada complice. Supuse que él y Zabini hablaban de lo mismo - No podía haber sido mejor.
- ¿Ya te le has tirado? - asentí mientras bebía zumo de calabaza - ¿Entonces es cierto lo que dicen?
- Total, y absolutamente cierto amiga mía.

Nos levantamos a la vez que el resto de nuestra mesa y salimos de allí lo antes posible. En poco tiempo comenzarían los empujones, y me cargaría a alguien, cosa que no me apetece ahora mismo.

Espera, espera, espera... ¿Qué no me apetece pegarle un puñetazo a alguien? ¿Ni maldecirle?
¿Qué me está pasando?

- ¿Qué tal tu padre? Llevo sin hablar con él, como mínimo cinco años.
- Se le ve bien. Mucho más animado y centrado. Ahora no va tirando embrujos a tutiplén - reímos.
- Anda mira, ya sé a quien te pareces - la saqué la lengua - Aunque sin duda, eres igualita que tu madre.
- Lo sé. Encontré un vestido suyo y me lo puse en año nuevo - recordé la foto que encontré de mi madre con ese vestido... ¡Eureka! - En el baúl tengo una foto suya con el vestido. Ahora te la enseño.
- De acuerdo. Por cierto, mi tía Heather te manda saludos. Dice que a ver cuando te pasas a verla.
- Dila que como siga el salido de tu primo, viviendo en la misma casa que ella, tardaré mucho tiempo - continuamos riéndonos a la vez que veíamos como la gente se agolpaba en muchos círculos para contarse lo que habían hecho estas navidades.

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- ¿Qué cojones ha pasado aquí? - preguntó Draco cuando vio la desierta sala común de Slytherin a las diez de la mañana.
- No lo sé. Habrá pelea o algo. No es muy común, que un sábado no haya nadie - me senté y volví a abrir mi libro de Maldiciones. Nivel Avanzado, que me había regalado mi padre por navidad.

Draco comenzó a hacer levitar una pluma que había en una mesa de enfrente. Me la pasó por la oreja varias veces.

- Para... Me hace cosquillas - giré la cabeza .
- ¡Parejita! - gritó el rubio . Giré la cabeza y vi a los otros dos comiéndose la boca - Iros arriba. Es desagradable veros.
- Envidioso - dijo mi amiga, antes de continuar con Blaise.

Negué con la cabeza y seguí a lo mío.

- Enserio... Es asqueroso - susurró y me reí ante aquel comentario.
- No cuando lo haces tú ¿verdad? - le susurré al oído antes de darle un leve mordisco en el lóbulo.
- Por supuesto que no - me mordió el labio inferior y después pasó su lengua por el sitio en cuestión.
- Te odio Draco Malfoy.
- Gracias. Lo mismo digo - sonrió antes de besarme de esa manera que me vuelve tremendamente loca.
- ¡Y decían de nosotros! - paramos y vimos como nuestros amigos se habían levantado y comenzaban a irse a los dormitorios - ¡Guarros!
- ¡Con precaución chicos! - grité y escuché sus risas y la de Draco.

Volví a mi libro. Esta vez, con Draco tumbado encima de mis piernas.



lunes, 1 de agosto de 2011

~6~

Hola queridos mortífagos míos. He de deciros varias cosiñas. La primera, gracias por todos los comentarios de apoyo, aquí, en twitter y en metroblog. Me ayudáis mucho. La segunda, si queréis comunicaros conmigo, está el twitter puesto a la derecha, pero también tengo Tuenti, que lo podéis pedir. Último... Este capítulo no está recomendado para mentes muy inocentes.

Disfrutad.


- ¡Señorita Grimts, amo Draco a cenar! - gritó el elfo doméstico de los Malfoy, del que ni siquiera recuerdo el nombre.

- Qué inoportuno que es muchas veces - se quejó el rubio abrochándose la camisa que le había regalado su madre por Navidad.

- Déjale. Es año nuevo, le habrá obligado mi padre, o los tuyos, viendo que llevábamos más de 2 horas aquí arriba - sonreí colocándome el vestido negro, y largo, que encontré de mi madre días atrás.

- Lo suponía yo también.

Bajamos mientras que Draco me contaba las cosas que "había visto" de su casa en estas dos horas.

- Chicos, os estábamos esperando - Lucius Malfoy se sentó en uno de los lados, presidiendo la mesa.

Justo enfrente, su esposa Narcissa, con un vestido granate muy oscuro, y enfrente mía, mi padre, con una sonrisa que hacía mucho tiempo que no veía, iluminando su cara, y mi hermana, tan serena y tranquila como siempre.

- Que aproveche - dije al ver como la gente ya había comenzado a comer.

- Igualmente querida - Narcissa me sonrió y mi padre y Lucius hicieron un gesto de agradecimiento.

- Bueno Maggie, Draco nos ha contado maravillas de ti en lo que a estudios se refiere - comentó el señor Malfoy.

- Sí - le apoyó su mujer - Dice que eres mejor que esa sangresucia de Hermione Granger.

- Desde pequeña lo ha sido. Lo único que no necesita tanta fama de lista, como Granger, para gustarle a la gente - contestó mi hermana levantando la vista de su plato.

- ¿Sigue siendo igual de snobb que hace unos años? - preguntó mi padre.

- Sí - le contestó Draco - Y sigo diciendo que su hija, señor, es mejor que esa sangresucia.

- Ya no se respeta nada hijo... - le respondió su padre negando con la cabeza - Ahora, cualquiera puede entrar en Hogwarts - prosiguió.

- Hasta los mestizos - repuso Irenne - Pero eso es más aceptable que todos los sangresucia que hay ahora en la escuela. Me alegro de haberme graduado ya.

Reímos y el resto de la cena transcurrió tranquila.

- Sólo quedan unas horas para que empecemos este año - Lucius se levantó de su asiento con una copa de vino en la mano, y el resto le imitamos - Espero que esta amistad entre magos completos, perdure durante muchos, muchos años.

Brindamos y escuché como comenzaban a sonar unas campanas a lo lejos, predicando que acabábamos de entrar a un nuevo año.

- Feliz año nuevo - dijo mi padre abrazándome - Éste será mucho mejor que todos los anteriores...

- No hace falta que lo jures. Este año vas a estar a nuestro lado, y eso es lo mejor que nos ha podido pasar.

Le di un beso en la mejilla y luego fui a felicitar el nuevo año a mi hermana y a los padres de Draco.

- Señorita Grimts - miré hacia abajo y vi de nuevo al elfo - El amo Draco dice que la espera en el jardin trasero. Que coja su chaqueta y salga cuanto antes.

- Muchas gracias por el aviso. Feliz año nuevo - sonreí y le dije con señas a mi padre que me iba a ir unas horas.

Salí al jardín y allí vi a Draco, junto a dos escobas, sonriendo.

- Feliz año - me dio un beso en la frente e hice pucheros.

- No es justo. Yo no quería ahí tu primer beso hacia mi persona en este año.

- Tómatelo como un adelanto - sonreí - ¿Lista?

- ¿Lo dudabas?

Me tendió una de las escobas y alzamos el vuelo rápidamente.

No sabía por donde íbamos, ni a donde, pero lo que sí que sabía era que me estaba congelando de frío. Esto de volar con aire, en pleno invierno, no es bueno.

- Ya hemos llegado - me sonrió antes de bajar y encontrarme en una pequeña cabaña de madera, rodeada de campo, ahora blanco por la nieve - Vamos a dentro. No quiero que te congeles.

Me pasó un brazo por los hombros y entramos a la casa. Todo estaba a oscuras.

-¡Lumos! - dijimos ambos a la vez alumbrando la pequeña estancia en la que nos encontrábamos.

- Por aquí - me cogió la mano y comenzamos a subir unas estrechas escaleras en forma de caracol.

Acabamos en un desván, con la chimenea encendida, unas mantas por el suelo,y velas. Pequeñas velas con mis olores favoritos.

- Te lo has currado, Draco Malfoy - sonreí girándome a mirarle - Feliz año a ti también.

Le di un beso en la comisura de los labios y me senté mirando a la hoguera.

- ¿Cómo encontraste esta casa? - pregunté cuando noté que se había sentado detrás mía y me abrazaba.

- Un día, de pequeño me perdí. Todo el campo que has visto alrededor, era donde veníamos a pasar algunos días mi familia y yo. Cuando me perdí, encontré esta casa. Decidí que iba a ser mi lugar secreto. Nadie ha entrado en ella, hasta ahora. Te la puedo prestar como lugar secreto... Si quieres.

Sonreí y me giré hasta volver a besarle.

Esta vez, él comenzó a tumbarse en el suelo conmigo encima, mientras la danza de nuestras lenguas continuaba.

Me quitó la chaqueta que seguía, hasta ese momento, llevando puesta, mientras me daba besos en el hombro derecho bajando uno de los tirantes de mi vestido.

Ambos queríamos llevar el control de la situación, cosa que hizo que el ambiente se caldease mucho más rápido por la experiencia de ambos.

Su camisa había desaparecido en algún lugar de esa sala, al igual que toda la inocencia que habíamos mostrado delante de nuestros padres.

Sus labios se entretenían en mi cuello, dando pequeños mordiscos de vez en cuando, y sua manos subían y bajaban desde mi cintura hasta mis rodillas, acariciando mis muslos.

Esas caricias, los besos y los mordiscos que ambos dábamos al otro, hacían que de mi boca, y la suya saliesen suspiros, leves gemidos y hasta algún gruñido de placer.

Ni mi vestido, ni tampoco sus pantalones, se encontraban puestos en nosotros.

Ahora, él estaba encima de mí, mirándome sonriente al notar que mis finos dedos recorrían su cuerpo, ahora desnudo, y bajaban poco a poco hasta atrapar la goma de sus boxes y comenzar a bajarlos lentamente.

- Espero que tengas protección, sino,creo que esto se va a quedar aquí - le susurré al oído haciendo que se estremeciera.

- No soy tonto - escuché una pequeña carcajada antes de darme cuenta de que metía las manos por el fino encaje de mis bragas haciendo que dejasen de estorbar poco a poco.

Rozó sus labios con los míos pasando su lengua por la comisura de ellos haciendo que, si se puede, me pusiera más cachonda todavía.

Menos mal que no había nadie en como mínimo 10 kilómetros a la redonda, porque se hubiese asustado de los gritos de placer, tanto de Draco como míos, de los más de mil gemidos que salieron por nuestra boca, y de los dos orgasmos que tuve con él.

Se tumbó a mi lado, tapándonos con la manta que antes nos había servido como alfombra, y con una sonrisa que no le había visto jamás.

-¿Qué te pasa que estás tan sonriente? - me incorporé un poco para mirarle mejor.

- Mi madre me va a matar cuando vea lo que he hechi cin su camisa - miró hacia la chimenea y seguí su mirada.

- Pues era bonita - ambos reímos .